Vamos a perder el control, beber hasta no poder movernos, besemonos mezclando los sabores de todo lo que hemos bebido, corramos desnudos. ¿Qué más da? A estas alturas la vergüenza ya se ha ido corriendo, y la dignidad no la encontramos desde el día que jugamos al escondite. Vayamos a la playa a las tres de la madrugada, donde no podamos ver nada y todo sea más excitante, fumemos lo que es bueno y lo que no, que mañana será otro día y nadie estará para recordarnos todo lo que hemos hecho.



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