Paciencia, me digo treinta veces al día. Una sonrisa que es más una mueca y mis dedos ansiando algo a lo que aferrarse. Unas pestañas sobre las que columpiar mis miedos. La alegría en estado puro oculta tras unos labios al besar. Una mano para traspasar el calor. Un paseo de domingo. Una despedida que nunca termine. Resistir. Sonrisas. Resistir. Sonrisas. Empujar hasta llegar al final, o al principio. Qué más da... luego, todo se irá, como siempre. Sólo falta asumirlo, endurecer los huesos, limpiar los sueños para no caerse a través de ellos. Flotar dentro de una burbuja y cerrar los ojos esperando no impactar contra el suelo. Dejar que el aire me lleve para encontrarme contigo.



No hay comentarios:
Publicar un comentario